A ver, ¿quién lleva el Facebook de la empresa?

Quién lleva el facebook de la empresa

-A ver. ¿Quién lleva el Facebook de la empresa?- dice un tío encorbatado y con unos kilos de más que suda con los primeros calores de la primavera-. Que venga por mi despacho.

-Yo- contesta un joven con cara de asustado al fondo de la oficina.

-Venga usted para acá, que tengo que decirle unas cuántas cosas sobre su forma de trabajar-.

El joven recoge un bolígrafo de su mesa y una pequeña libreta en la que suele anotar citas, pensamientos o deberes cotidianos más mundanos como cuándo recoger las camisas de la tintorería. Se levanta y atraviesa toda la oficina mientras nota cómo se clavan en su espalda las miradas de sus compañeros. No es habitual que el jefe llame a alguien a su despacho. En general, es un hombre bastante pasota y sólo se reúne con quienes están por encima de él, unos directivos de una multinacional surcoreana que les compró hace un par de años.

-Siéntese- sentencia el jefe.

-Gracias- responde ‘el que lleva el Facebook’.

-Mire, le he hecho venir porque estoy recibiendo quejas por la manera en la que está llevando el Facebook de la empresa. En los últimos días me han estado hablando distintas personas de distintas secciones que me dicen que no lo está haciendo bien.

-Pero…- intenta replicar el joven.

-Nada, nada. Nada de peros. Escuche. Me ha dicho la de contabilidad que las imágenes que usted publica no transmiten nada, que ella sigue una página que se llama ‘nos divertimos cada mañana con la tontería del día’ y dice que ahí ponen imágenes muy graciosas que comparte todo el mundo.

-Pero esa pág…-

-Déjeme seguir. He estado hablando con el de mantenimiento y me dice que a él le gustaría ver imágenes de bebés riendo en nuestra página. Que serían muy graciosas y que a la gente les encantan. Además, me ha dicho la secretaria que debemos poner, de vez en cuando, alguna falta de ortografía para que la gente hable de nosotros aunque sea para mal-.

-Pero, escu…-

-Espere, espere, que ya acabo. Me ha estado explicando el comercial de la zona norte que le acaba de tocar una noche de hotel en Benalmádena con un concurso en el que le pidieron compartir una imagen espectacular en una página de Facebook y que deberíamos hacer algo parecido.

-Es que eso está prohib…

-No me deja terminar. La señora de la limpieza ha dicho que tenemos muy pocos seguidores y que deberíamos comprarlos, que le ha dicho su hija que por 30 euros que se ganan un montón de amigos y de seguidores. Así que… hijo, ya sabe lo que tiene que hacer.

-Pero, escúcheme.

-No, no me replique. Haga lo que le he dicho y punto. ¿Alguna cosa más?

-Sólo una. Que yo no voy a decirle ni a usted, ni al de mantenimiento, ni a la secretaria, ni al comercial ni a la de la limpieza cómo han de hacer su trabajo porque no tengo ni idea de cómo se hace. Y eso es lo que les pasa a ustedes con el mío. No saben cómo se hace y se meten.

Esta situación que es ficticia por completo (sobre todo la parte en la que el joven que lleva el Facebook replica a su jefe) … no está muy alejada de la realidad. Los que trabajáis con redes sociales o en cualquier otra ámbito de la comunicación (sea del tipo que sea) estáis más que acostumbrados a que todo el mundo os dé lecciones de cómo se han de hacer las cosas. Todo el mundo. Es que deberías hacer esto, es que deberías hacer lo otro. Y así, todo el tiempo. Todo el mundo opina.

Quizá sea cierto que no haya que ser ingeniero aeronáutico para publicar algo en redes sociales, pero sí hay que tener unas ciertas nociones para saber hacerlo bien, o al menos, intentarlo.

Sin embargo, todos los días, todos, si te dedicas a la comunicación, tendrás consejos de alguien que te dirá cómo has de hacer tu trabajo. Eso sí, jamás nadie le dirá al contable como ha de calcular un balance o decirle al de mantenimiento cómo ha de limpiar las rejillas del aire acondicionado. Jamás.

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